viernes, 12 de junio de 2009

FICCIÓN / EL HOMBRE MÁS MALO DE SAN FRANCISCO

Grande, amargo, idealista, malhumorado, frustrado, alegre, sádico, oscuro, pervertido, famoso, brutal, bondadoso, un demonio, un dios, un misántropo, un poeta, un realista que escribía romances, un magnífico satírico, un negador de la vida y una especie de charlatán: todo eso y más era el polémico escritor estadounidense Ambrose Bierce, célebre por la creación de personajes increíblemente lúgubres y sórdidos. Y para que la obra de esta polémica figura literaria pueda ser leída por muchos colombianos, Punto de Lectura publica Aceite de perro, una colección de sus cuentos más abominables…y fantásticos.

Los cuentos del escritor estadounidense Ambrose Bierce (1842 – 1913) están plagados de una intensa fascinación por el horror y la muerte, y las situaciones que estos recrean atacan todas las normas convencionales que, en su momento, rigieron el pensamiento, el lenguaje y la acción social de sus contemporáneos.

La familia es su mayor odio. Y por eso abundan en su obra el matricidio, el parricidio, los hermanos que se asesinan, la infidelidad y la codicia. Según el poeta y narrador colombiano Nicolás Suescún, esta temática tan sórdida pudo haber surgido por el afán que Bierce tenía de sacarse el clavo con sus “horribles padres, fanáticos y primitivos campesinos puritanos.”

“Lo que más le gustaba era el espectáculo de la cobardía y la locura humanas. Ponía al hombre, intelectualmente, en alguna parte entre las ovejas y el ganado con cuernos, y a los héroes, algo más abajo que las ratas”, explica Suescún en el prólogo de Aceite de perro, una antología de los mejores cuentos de Bierce, ahora publicada por Punto de Lectura.

Alguna vez llamado “el hombre más malo de San Francisco”, Bierce se inició en el mundo del trabajo con escasos nueve años: fue ayudante de imprenta, albañil y camarero. A los diecisiete años, fue enviado al “Kentucky Military Institute”, donde realizó el entrenamiento militar que luego pondría en práctica en el ejército de la Unión del Norte durante la Guerra de Secesión de los Estados Unidos (1861-1865). Parte de las experiencias vividas en esa guerra darían origen a muchos de sus cuentos más célebres.

“Los cuentos de guerra de Bierce, aun cuando tratan sobre el heroísmo, no pintan a los soldados como héroes sino como tontos perplejos que hacen cosas sin sentido, que se someten sin resistir a la tortura y a los atropellos, y que mueren finalmente como los cerdos en Chicago,” afirmó en su momento H. L. Mencken, amigo y discípulo suyo.

Tras los años bélicos, Bierce decidió volcar sus energías en su carrera de escritor. Se mudó a San Francisco y empezó a colaborar en diarios con artículos cínicos y satíricos sobre la sociedad de la época. Allí comenzó su fama de sagaz y brillante articulista, especialmente con su carrera en el periódico Examiner.

Sin embargo, hacia final del siglo, el escritor sufrió varios golpes duros: se separó de su esposa al descubrir que le era infiel, dos de sus hijos murieron (uno de ellos en un duelo callejero) y la tercera se enfermó gravemente. A sus 71 años, pues, “Bierce, el amargado” decidió viajar a México en plena revolución con el objetivo de conocer a Pancho Villa y unirse a sus filas.

“La verdad es que nada se sabe con certeza de lo que hizo allí y de cómo o cuándo murió, y al igual que algunos de sus personajes, simplemente desapareció,” sostiene Suescún. Y agrega que la última noticia suya es de fines de 1913, cuando advierte en una carta lo siguiente: “Si oye decir que me hicieron parar frente a una pared de piedra mexicana y que me volvieron polvo a punta de tiros, por favor entérese de que a mí me parece ésta una muy buena manera de irse de esta vida.”

Aparte de sus cuentos, cabe resaltar El diccionario del diablo como una de sus producciones literarias más relevantes. En esa obra, Bierce define al optimismo como una “doctrina o creencia que sostiene que todo es hermoso, incluyendo lo que es feo, que todo es bueno, especialmente lo malo, y que es correcto lo que no lo es.”

Y parecería que él mismo se definió en ese diccionario bajo el término de loco, al asegurar que dicha palabra puede aplicarse a una persona “afectada por algún grado de independencia intelectual, disconforme con las normas convencionales (…), que discrepa con la mayoría y que, en resumen, es extraordinaria.”

Concluye Suescún: “Bierce es un gran creador, uno de esos norteamericanos originales que no caben en su país y que lo fustigan, pero que, al mismo tiempo, lo aman y respetan en cierto modo con mayor fidelidad.”

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